domingo, 28 de octubre de 2012

En bici por el Alto Tajo.


No conocía esta zona, y gracias a un compañero del trabajo la descubrí ayer. Salimos pronto, a las 8 de la mañana con las bicis cargadas en el coche rumbo a Buenafuente del Sistal, a 180 km. de Madrid. Fuimos por la carretera de Barcelona hasta Alcolea del Pinar y desde allí tomamos carreteras secundarias. Nada más abandonar la autovía empezaron a aparecer lugares pintorescos, dignos de postal. Y todavía nos quedaban unos cuantos kilómetros hasta nuestro punto de partida de la ruta ciclista.

Por fin llegamos a Buenafuente. Dejamos el coche en un aparcamiento del pueblo (muy pequeño, pero éramos los únicos que lo utilizaban), sacamos las bicis y nos pusimos en marcha.
Foto (1). Desde el aparcamiento de Buenafuente.
Al poco de empezar a pedalear, y antes de comenzar la primera ascensión por un camino bastante malo en comparación con la mayoría de los caminos de la ruta, nos paramos en la Ermita de la Virgen de los Santos.
Es muy pequeña y está en mitad de la montaña.

Foto (2). Ermita de la Virgen de los Santos.
Comenzamos la subida, y según subíamos, se veía cada vez una extensión más grande de las montañas circundantes. Es una lástima que el día estuviera cubierto, porque las fotos habrían quedado mucho mejor en un día soleado.
Foto (3). Vista panorámica.
Por fin, 3 km. después de la parada en la ermita, llegamos hasta arriba. El camino ahora es mucho mejor durante un rato hasta que lo dejamos y nos metemos por un sendero en el que a menudo hay que bajarse de la bici. Este sendero nos lleva hasta el río Tajo a su paso por el puente de Tagüenza. El paisaje es espectacular: el río Tajo pasa encajonado entre cortados de roca, y desde el puente se puede apreciar la limpieza del agua y la profundidad en algunos tramos. un lugar perfecto para pasar el día y libre de domingueros indeseables, ya que sólo se puede llegar andando desde el pueblo más cercano (Huertapelayo) que está a unos 4 km. de allí. El baño en esta zona está complicado. No sé si habrá algún camino que descienda hasta el río. Nosotros lo lo vimos.
Foto (4). Rio Tajo a su paso por el puente de Tagüenza.
Después de contemplar el paisaje, seguimos avanzando. Esta vez por un estrecho camino que iba hacia arriba y que era casi imposible de transitar sobre dos ruedas, así que lo hicimos empujando las bicis. Unos 2 km. más tarde llegamos a una pista ancha. A partir de ahora todo el trayecto iba a ser por buenos caminos.

Antes de llegar a Huertapelayo nos paramos a sacar unas fotos. Una del Tajo, y otra del cementerio de Huertapelayo.
Foto (5). Río Tajo.
Foto (6). Cementerio de Huertapelayo
Llegamos a Huertapelayo y fuimos a la Plaza del Ayuntamiento a coger agua de la fuente. Al salir de allí paramos en la otra entrada/salida del pueblo, que es muy peculiar. Es una pared de roca que impide la entrada al pueblo por el valle. En la roca hay un túnel excavado. En la siguiente foto se puede ver.
Foto (7). Túnel de entrada a Huertapelayo.
Después de fotografiar el túnel continuamos hacia Zaorejas por una carretera por la que apenas circulaban coches. En los 10 km. de la carretera que nos llevaba hasta la CM-2015 a penas pasaron cuatro coches. En los 6 primeros km. de esta carretera se salva un desnivel de 300 metros. No es que sea una barbaridad, pero a mí ya me estaban doliendo las piernas. Bien por la falta de costumbre o por los 2 km. empujando la bici, el caso es que sólo de pensar en la distancia que nos quedaba hasta llegar de nuevo hasta el coche se me ponían los pelos de punta. Tuve que poner el "molinillo" en algunos repechos y dejar de pensar, mi único objetivo era la pedalada siguiente. Y así, poco a poco, llegamos a la cota más alta de la ruta. Llevábamos 24 km. y nos faltaban 28.

Comenzó a llover. No mucho, pero suficiente para tener que ponernos el chubasquero. Aunque era un fastidio, por lo menos serviría para que las bicis se limpiasen un poco del barro que habían cogido en los primeros kilómetros. Aproveché también para comer algo porque no veía muy claro lo que quedaba por delante.

Llegamos a la carretera CM-2015. Una carretera ancha de las que imponen porque piensas que seguro que tiene mucho tránsito. Nada de eso. En el tramo ancho hasta Zaorejas (4 km.) sólo pasaron dos coches.

Llegamos a Zaorejas y paramos en una fuente a la entrada del pueblo. Bebimos agua y yo comí algo más porque si no, no sabía cómo iba a subir lo que faltaba. Ahora teníamos que bajar de nuevo hasta el Tajo, en una cota de unos 300 metros por debajo de dónde estábamos, para después volver a subir otra vez. No quería ni pensarlo...

Retomamos la carretera. Ahora era más estrecha y no era tan buena, pero la ausencia de coches seguía siendo la misma. Empezamos a bajar. La lluvia todavía seguía, aunque un poco menos que antes. Con la velocidad de la bajada el frío se notaba más. Yo sólo esperaba reponer algo de fuerzas durante la bajada para poder superar lo que faltaba.

Antes de que terminase la cuesta abajo pasamos por un cañón muy bonito al que saqué las foto siguientes. En la segunda se pueden ver paredes de roca con, incluso una especie de túnel natural.

Foto (8). Cañón.
Foto (9). Cañón. Foto mirando hacia atrás.

Proseguimos hasta llegar al Puente de San Pedro. Un lugar muy curioso en el que había un remanso en el río Tajo que era perfecto para un baño en un día un poco más caluroso. El problema, me imagino, es que al ser accesible en coche se llenará de domingueros guarros. Por eso tal vez, alguien ha puesto un cartel con un "PROHIBIDO CAGAR". Como se puede ver en una de las dos fotos siguientes.
Foto (10). Río Tajo.
Foto (11). Prohibido cagar.
Después de comentar la idoneidad del cartelito volvimos a pedalear. Ahora se acercaba el momento de la verdad: ¿me habría repuesto del cansancio anterior?

Un kilómetro después de la parada del "Prohibido cagar" salía una carreterita a la izquierda que nos llevaría hasta Villar de Cobeta. La carretera nos daba la bienvenida con un cartel que nos avisaba de que la velocidad máxima era de 30 km/h y de que había pendientes del 15%. El primer aviso no nos afectaba. No pensábamos ir a más de 30 km/h, entre otras cosas porque era imposible. Pero el segundo me asustó un poco.

Empezamos a subir, y a pesar del esfuerzo, se me hizo mucho más fácil de lo que pensaba. Tal vez fuera porque el paisaje entretenía mucho y te olvidabas de lo que te quedaba por delante. También era por otra cosa, pero eso lo descubrí al final...
Foto (12). De nuevo el Tajo. Desde la carretera hacia Villar de Cobeta.
El aviso de las cuestas del 15% era por los tramos finales. Ya casi llegando a la cima los repechos eran considerables. Otra vez puse "molinillo". Yo no sabía si era la pendiente o era yo, el caso es que me tuve que poner en modo "autómata" y ponerme a pedalear lentamente como si fuera un burro atado a la noria.

Por fín llegamos a la cima. Hicimos una parada y yo, al parar y poner pie a tierra, noté como se me agarrotaba el muslo izquierdo. No me podía quitar la bici de entre las piernas porque si levantaba la pierna derecha también se me iba a agarrotar y me iría al suelo. Así que, en un alarde de astucia,  fui abriendo las piernas hasta dejar la bici en el suelo para poder desprenderme de ella y poder estirarme un poco. Al momento ya estaba mucho mejor y pude seguir.

Desde allí a Villar de Cobeta había unos 2 km. que eran cuesta abajo. Perfecto: unos escasos minutos de descanso. Paramos en el pueblo a beber agua. No había ni un alma, aunque sí había algún que otro coche, por lo que me imagino que los pocos habitantes del pueblo estarían en sus casas.

¡Ya sólo faltaban 6 km.! Mi compañero no se acordaba muy bien de como era el camino restante. Sólo sabía que el tramo final antes de llegar hasta Buenafuente era cuesta abajo. Empezamos a pedalear por un llano que al poco se convirtió en cuesta abajo con curvas. La carretera era como las otras, de asfalto sencillo y sin coches. Una piedra salió despedida la pisarla de lado con la rueda de la bici y chocó con el quitamiedos provocando un ¡CLONC! que no sorprendió a los dos. Menos mal que íbamos en fila, porque si no, le podía haber dado a la otra bici.

Y como todo lo bueno se acaba, se acabó la cuesta abajo. Ante nosotros el último kilómetro y medio de subida y luego... cuesta abajo hasta el coche. Subí como puede, porque ya estaba en las últimas, y al llegar arriba ya se podía ver allí abajo el Monasterio y el pueblo de Buenafuente. Ya estaba hecho. 

Nos dejamos caer cuesta abajo hasta el aparcamiento, y empezamos a meter las bicis en el coche. Eran las 16:30 aproximadamente. No habíamos comido y tampoco es que estuviéramos hambrientos. Ahora nos quedaban por delante casi dos horas de carretera, pero esta vez cómodamente sentados en el coche, con tres pedales en vez de dos...

La ruta está en: