miércoles, 6 de junio de 2012

"Zetas" de la Pedriza



Domingo 27-5-2012.

Me levanto prontito y me voy con el coche a la Pedriza, dispuesto a recorrer las famosas “Zetas” (tal vez debería poner “cetas”, pero me gusta más así). Dejo el coche en el aparcamiento que hay antes de pasar por la caseta de entrada. Al principio pensé pasar dentro con el coche y así ahorrarme los dos kilómetros iniciales de subida hasta el collado de Quebrantaherraduras, pero luego me dije: “No seas nenaza y sube desde el principio”. Así que empecé a pedalear unos metros antes de la caseta.

Llegué hasta el final del asfalto y empezó el camino de tierra. Al lado, el río Manzanares bajaba con bastante agua, y vi algunos lugares que parecían interesantes para el baño. Espero acordarme de ellos cuando vaya de excursión, aunque seguro que entonces está todo lleno de gente.

Iba bastante confiado en que la subida iba a ser pan comido, pero me equivoqué. Hasta llegar al kilómetro 15 fue todo más o menos bien. Las subidas no eran nada del otro mundo. Al contrario, se subía bien entre las sombras (dónde las había). En más de una ocasión pensé en pararme a sacar alguna foto, pero por no pararme y perder el ritmo, lo dejé para más adelante.

En ese primer tramo me pasaron dos ciclistas a buen ritmo. Imposible seguirles. Bastante tengo con llegar arriba, aunque sea a paso de tortuga.

Ya llegando al km. 15 había un mirador natural desde el que se veía toda la Pedriza. Allí sí que me paré y saque unas fotos (fotos 1 y 2), porque las vistas merecían la pena. Unos pocos metros más adelante salía un camino hacia la derecha que seguía subiendo hacia la pradera de la Nava.
Foto 1.

Foto 2.
Seguí 5 km. más cuesta arriba. La subida se me hizo bastante pesada. El camino era peor que el anterior,  más pedregoso. Al final puse el “molinillo” y llegué arriba. El camino terminaba y a su pie, a unos pocos metros había una pradera muy bonita (foto 3).  No había nadie allí arriba: la peña ciclista que había,  empezó a bajar poco antes de que yo llegase. Así que en mi soledad, me comí mis barritas de cereales y eché una meadita mientras pensaba orgulloso que había salvado un desnivel de unos 1050 metros. ¡Más de 1 km. de subida en vertical!
Foto 3. Pradera de La Nava.
Una vez satisfechas mis necesidades alimenticias y excretoras me puse mis gafitas para que no se me metieran moscas en los ojos al bajar, y pensé que ya se habían acabado mis sufrimientos, que la subida posterior que me esperaba sería pan comido. Me equivoqué una vez más…

Casi nada más empezar a bajar paré a fotografiar la Cuerda de Milaneras con su perfil irregular. Algunas de las rocas parecen estar haciendo equilibrios para no caer, pero allí llevan milenios en esa posición, sin que las tormentas más fuertes las hayan hecho caer (Foto 4).
Foto 4. Cuerda de Milaneras.
Bajé los 5 km. hasta el cruce con la pista principal y en este trayecto me crucé con varios “esforzados de la ruta” que subían y pensé con malignidad: “Je, je,… ahora os toca a vosotros”. Una vez en la pista principal continué bajando y cruzándome con más gente que subía. De repente la cuesta abajo se acabó y empezó a subir de nuevo. Me imaginé que sería un tramo corto, pero detrás de ese tramo venía otro… y luego otro… Esto no se acababa nunca.

Paré a sacar unas fotos al cerro Ortigoso (supe que se llamaba así más tarde, cuando lo miré en el mapa) que tiene una forma muy curiosa en su cima, como de lonchas de piedra superpuestas (foto 5).
Foto 5: Cerro Ortigoso.
Después de la sesión fotográfica me hundí anímicamente cuando vi en la lejanía un camino que subía por otra ladera. En ese momento me di cuenta de que todavía me quedaba subida por delante. Continué hasta llegar a un tramo en el que el camino se ponía horizontal y más adelante cuesta abajo. ¡Por fín un tramo para descansar! Y después una recta con un repecho final que me dejaría ¡por fin! en el collado de Los Pastores. Tiré de molinillo para los metros finales porque estaba ya bastante cansado y llegué arriba. Allí hay unas vistas impresionantes. Sólo por ellas merecía la pena el esfuerzo. Una docena de ciclistas estaban sacando fotos e inmortalizando su gesta. Saqué unas fotos (Fotos 6, 7 y 8) y seguí adelante.
Foto 6. La Maliciosa y los "cohetes" de la Bola del Mundo (pequeñitos a la derecha).

Foto 7: Pantano de Santillana al fondo.

Foto 8: Una de las "zetas".
Al poco tiempo de empezar la bajada, me acordé de que el coche estaba fuera del recinto de La Pedriza. ¡Todavía tenía que subir hasta el collado de Quebrantaherraduras para bajar hasta el coche! Confié en que no me costaría mucho subir hasta allí, ya que sería asfalto en vez de camino de tierra, y seguí dejándome caer cuesta abajo sin dar una sola pedalada.
Foto 9: Pradera de Las Zorras.
Llegué al asfalto dónde están los parkings y poco después me puse a subir otra vez. Ya sólo quedaban unos dos kilómetros hasta el collado y después…cuesta abajo hasta el coche.

Llegué hasta el coche. El parking externo estaba repleto de coches, y una fila de unos veinte coches esperaba para entrar al parque. Unos chavales, con menos materia gris que un mosquito, estaban amenizando al resto de los que esperaban con su música chunda chunda a todo trapo. ¿Se abstendrían una vez dentro del parque de propagar esos sonidos inmundos? ¿meterían la basura en sus bolsas?... Me temo que no. Hay gente que no se merece ni el beneficio de la duda. Me queda el consuelo de saber que esa gente nunca subirá hasta arriba del todo para ensuciarlo.

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