viernes, 26 de abril de 2013

El Cerro del Telégrafo de Moralzarzal.


El Domingo pasado estuve en Cabeza Mediana, también conocida como Monterredondo o Cerro del Telégrafo. Sólo había estado allí una sola vez, y fue hace un montón de años. Entonces estaba en ruinas. Al cabo de unos cuantos años fue restaurado.
Ruinas del Telégrafo hace varios años.
Telégrafo restaurado.


Recuerdo que entonces me preguntaba: ¿por qué le llaman Cerro del Telégrafo? En aquella época (años 80), al no existir internet no había forma de informarse sobre este tipo de curiosidades. Sólo podías ir a las bibliotecas, y una vez allí ¿qué buscabas? ¿cómo encontrar información sobre algo que considerabas una rareza, y que no sabías como catalogar?

Han tenido que pasar unos cuantos años para saber por qué se le llama Cerro del Telégrafo, y la razón es esta:
El telégrafo óptico existió desde finales del siglo XVII hasta mediados del siglo XIX, en que se inventó el telégrafo eléctrico. Fue Claude Chappe, un francés, al que se le adjudica la paternidad del invento, el que estableció la primera línea de telegrafía óptica en 1792. El español José María Mathé lo perfeccionó y lo hizo mucho más eficiente.

El telégrafo óptico en España terminó de implantarse a mediados del siglo XIX, justo cuando empezaba a utilizarse el telégrafo eléctrico. La razón de que en España se utilizase el telégrafo óptico en vez del más novedoso telégrafo eléctrico fue debido a razones sociales. En España el bandolerismo y la delincuencia en general hacían inviable el tendido de líneas de telégrafo eléctrico, ya que serían cortadas rápidamente para evitar la comunicación. Así que se optó por el otro método más anticuado, pero que ofrecía mayor seguridad. Ya que no había elementos físicos que cortar al tratarse de señales que se visualizaban entre las torres de telégrafo, las únicas forma de evitar la transmisión eran bloquear la línea de visión (cosa imposible, al estar las torres situadas en lugares elevados), o bien tomar la torre desde dónde se recibían y enviaban las señales.

Para evitar que la torre fuera tomada por bandidos, o facciones contrarias al gobierno, cada torre se construyó como un fortín. La entrada estaba a más de dos metros del suelo, y se accedía a ella por una escalera que podía elevarse para que los torreros quedaran protegidos en el interior. También tenían un arsenal de armas para hacer frente a posibles ataques, y las paredes de la torre eran de un espesor considerable.

Pero ¿qué señales se enviaban? ¿que apariencia tenían?

Los telégrafos ópticos en España constaban de dos planos con unas líneas horizontales. Entre ambos planos había un cilindro que se desplazaba arriba y abajo formando diferentes imágenes al situarse entre medias de unas líneas horizontales u otras. También había una esfera que podía subir o bajar. La combinación de estos elementos hacía posible que, mediante un catalejo, el operario de la torre vecina observase la imagen y decodificara su significado. Al tratarse de mensajes oficiales, todos ellos iban cifrados, y los operarios de las torres sólo se limitaban a recibir los códigos y reenviarlos a la siguiente torre, por lo que el secreto quedaba garantizado.

Los planos que he mencionado antes debían estar lo más paralelos posible entre las torres para que la visualización fuera óptima. En el caso de Cabeza Mediana el telégrafo tenía dos planos perpendiculares (ahora, al estar reconstruido también los tiene, como puede verse en la foto del Telégrafo reconstruido). La razón de ello es que esta torre era el punto en el que confluían dos líneas: la que iba desde Madrid a Castilla (desde Cabeza Mediana, la siguiente torre estaba en el Puerto de los Leones) y desde Madrid a La Granja de San Ildefonso (desde Cabeza Mediana, la siguiente torre estaba en Navacerrada, dónde también hay un Cerro del Telégrafo).

Así que si vais al Cerro del Telégrafo ya sabéis un poco de su historia.

Podéis leer más en profundidad sobre el tema en:


y si queréis un paseito en bici por Cabeza Mediana, aquí pongo la ruta que hice, por si os interesa.


2 comentarios:

  1. ¡Qué curioso! No tenía ni idea de la historia. Creo que yo también fui a esa excursión hace... ¿30 años quizá? Bajamos atajando por campos particulares con algunas vacas que a mí me imponían cierto respeto.

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  2. La restauración no me parece a más acertada. Debería ser realizada con piedra y ladrillo, ni más ni menos como era
    parece una torrea construida ayer por la mañana. Cualquiera, con dos dedos de frente, que vea las dos fotografías juntas, se echará las manos a la cabeza, pero claro, aquí todo vale. La utilidad que le han dado no me parece mal -un repetidor- vamos, algo parecido, salvando las distancias, ahora bien, si se trata de una restauración, que lo sea de veras. No hay nadie con autoridad que les diga -dejen eso como estaba-

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